11 de marzo de 2007

Kevin Carter & Ken O



Esta fotografía conmovió al mundo en 1994. Quizás hubiese caído en el olvido de no haber sido premiada con el Pulitzer ese año; e incluso la vida de su autor hubiera tenido otro final de no haber ocurrido esto. Así que contaré la historia que esconde, para aquellos que aún no la conozcan.

The Bang Bang Club era un grupo, de cuatro fotógrafos sudafricanos, integrado por Greg Marinovich, Joao Silva, Kevin Carter y Ken Oosterbroek. La amistad entre los miembros del Bang Bang Club empezó en los años 80 .
En 1994 el Bang Bang Club reconocía : “Les habíamos cerrado la puerta a todos los fotógrafos que se nos querían unir. Sí; éramos arrogantes, elitistas y muy competitivos. Era un poco ridículo, pero la verdad es que habíamos pasado años aprendiendo cómo conseguir buenas fotos en circunstancias tan difíciles, y no queríamos ayudar a ningún advenedizo, fuera local o extranjero, que pretendiera hacer lo suyo en un par de semanas y después irse”.

El Bang Bang Club fotografió casi todo, incluso la agonía de uno de sus integrantes, Ken Oosterbroek, que fue asesinado por una bala perdida en Tokoza, en 1994.


Kevin Carter había nacido en una familia cristiana de clase media. “En casa no éramos racistas, sino supuestos liberales. Fui criado para amar a mis semejantes, pero ahora cuestiono a la generación de mis padres por no haber hecho nada contra el apartheid".

Kevin Carter sintió que su carrera como fotógrafo estaba en un punto muerto, y decidió hacer un viaje a Sudán. Lo acompañó su amigo Joao Silva. Querían trabajar en el “El Triángulo de la Hambruna”, en el sur de Sudán, donde el gobierno islámico estaba en guerra con las tribus Nuer y Dinka. Llegaron en un avión de las Naciones Unidas cargado de comida. “Los pobladores hambrientos rodearon el avión, salvo aquellos demasiado débiles para caminar, que esperaban sentados alrededor de un improvisado comedor”.

En febrero y marzo de 1993, otro tren, que según el gobierno transportaba alimentos, llegó hacia el sur escoltado por unos 3.000 miembros de las Fuerzas Populares de Defensa y de las tropas gubernamentales. A lo largo de la vía, las Fuerzas Populares de Defensa y los soldados del gobierno cometieron ejecuciones extrajudiciales, violaciones y secuestros, y aún llevaron a cabo más violaciones de derechos humanos durante el regreso del tren al norte, en el mes de abril. Según los informes, las Fuerzas Populares de Defensa mataron a civiles entre Malual y la ciudad de Aweil y violaron a veintenas de mujeres desplazadas en Meiram. Cuando el tren regresaba al norte, se denunció que las Fuerzas Populares de Defensa habían capturado y ejecutado extrajudicialmente a aldeanos luo de Akongdair y Pankuel. Más de 300 mujeres y niños fueron secuestrados en diversos puntos del camino. Al parecer, las autoridades gubernamentales de Aweil, en el sur de Sudán, consiguieron liberar a muchos de los cautivos. Sin embargo, no parece haberse tomado ninguna medida contra los miembros de las Fuerzas Populares de Defensa responsables de homicidios, violaciones o secuestros.Otro tren militar pasó por la vía en junio y julio de 1993. A medida que avanzaba hacia el sur, las tropas de las Fuerzas Populares de Defensa se abrieron en abanico, matando a los adultos, secuestrando a los niños, destruyendo las cosechas y confiscando el ganado. Un testigo presencial ha descrito las ejecuciones extrajudiciales de la estación de Panjap, al sur de Aweil. (Historia de Sudán, una guerra desde 1983… ) .

Kevin Carter capta en la aldea de Ayod, la imagen de "la niña y el buitre".No la ayudó a llegar al comedor, que estaba sólo a unos metros.
Carter vendió la foto al New York Times, fue publicada el 30 de marzo de 1993, y consagró a Kevin Carter al conseguir el Pulitzer de Fotografía de 199.

Pero también creó en su autor una angustia …le preguntaban continuamente si había salvado a la niña, o si la había dejado a merced del buitre,Carter tuvo que confesar que no había hecho nada. La foto se convirtió en un símbolo de la hambruna.
El 12 de abril de 1994, la foto ganó el Premio Pulitzer : “Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella”. “No quiero ni verla. La odio”.

Greg Marinovich(premiado con el Pulitzer 1991) cree que los cuestionamientos, sobre la omisión de ayuda a la niña lo estaban enloqueciendo.- “Cuando Joao Silva y yo estuvimos en Somalia en 1992, en medio de la hambruna, ninguno de los dos recogió a un solo chico enfermo o agonizante, aunque vimos cientos. Los mirábamos morir y sacábamos fotos. Yo me sentí impotente cuando fotografié a un hombre cuyo último hijo se le estaba muriendo en sus brazos. Eran buenas fotos; la tragedia y la violencia son imágenes poderosas; por eso las pagan así. Algo de la emoción, de la empatía y la vulnerabilidad que nos hacen humanos se pierde cada vez que apretamos el disparador”.

En la primera mitad de los ‘90, Tokoza era el barrio negro más peligroso de Sudáfrica, a sólo 16 kilómetros al sudeste de Johannesburgo. Los muertos durante los enfrentamientos eran tantos que la policía dejaba los cuerpos tirados en las calles durante gran parte del día, supuestamente porque no daban abasto. Había jaurías de perros callejeros que se alimentaban de cadáveres.

El 18 de abril de 1994, el Bang Bang Club (salvo Kevin Carter, que estaba dando entrevistas por su Pulitzer) entró a Tokoza. Querían cubrir la batalla entre los partidarios del CNA e Inkatha. Iba a ser atroz: faltaba muy poco para las elecciones. Esta vez estaban los peace-keepers, un cuerpo policial transitorio integrado por miembros de la policía sudafricana, miembros del ejército de las homelands y guerrillas de los movimientos de liberación, que tenía como fin controlar la violencia, sin ninguna eficiencia.

El 8 de agosto de 1993, ocho jóvenes habían sido detenidos en el poblado de Tokoza por miembros de las fuerzas de seguridad en dicha zona, donde fueron agredidos y torturados. La representante de la Junta Independiente de Investigaciones se había puesto en contacto con ellos unos días antes de su deposición y había sido informada del trato que habían recibido. Estos jóvenes permanecían encarcelados, según la testigo, ya que no podían facilitar la información que se les exigía, a saber el paradero de las armas de fuego en el poblado de Tokoza. La testigo se refirió a algunos otros incidentes y declaró que las personas detenidas eran torturadas sistemáticamente por la policía de Sudáfrica (SAP), independientemente que hubiesen sido detenidos por delitos penales o políticos.(Comisión Derechos Humanos,ONU)

La incapacidad de la policía había irritado a Ken Oosterbroek (Ken O ), que era el único miembro del Bang Bang Club que se había hecho famoso y amenazaba convertirse en una leyenda viviente, no sólo por su prestigio como jefe de fotografía del diario de mayor tirada de Johannesburgo, sino por su itinerario vital, nacido en una familia conservadora y racista , se dedicaba a documentar la violencia.

Al atardecer, después de una discusión de Ken O con los policías, el Bang Bang Club se protegió precariamente de un tiroteo. No fue suficiente: las balas policiales hirieron a Greg Marinovich, que estuvo a punto de perder un pulmón, y Ken O agonizaba en brazos de Gary Bernard ( fotógrafo del Star), mientras Joao Silva los fotografiaba. Ken O murió camino del hospital.

Sin embargo, al día siguiente, Joao Silva y Carter volvieron a Tokoza, y fotografiaron el estallido de violencia más grande de toda la guerra civil, y el último de esa magnitud.

Dos días después de Tokoza, Inkatha anunció que participaría en las elecciones, y aceptó un alto el fuego. Ante la decisión, Nelson Mandeladio un discurso, en el que dijo: “Esperemos que Ken Oosterbroek haya sido la última víctima”. Hoy, en Tokoza, en el mismo sitio donde cayó bajo las balas, hay un monumento que lo recuerda.

Fue una época desesperada, breve pero marcada a fuego en nuestra memoria, cuando eran comunes los asesinatos indiscriminados en trenes, taxis y buses, y ocurrían masacres a intervalos regulares: Sebokeng, Tokoza, Bisho, Boipatong, y los campos de la muerte de KwaZulu Natal, a causa de la sangrienta rivalidad entre el Congreso Nacional Africano y el Partido zulu Inkatha por la Libertad.(Leer: Desmond Tutu)

Pocos meses después, el 27 de julio, Kevin Carter entró a su camioneta, conectó el escape a una manguera, cuyo otro extremo echaba los vapores dentro de la cabina herméticamente cerrada ... Dejó una nota, de más de ocho páginas, decía: “Estoy deprimido, sin teléfono, sin dinero... atrapado por imágenes de asesinatos y cadáveres, furia y dolor, niños heridos o muriéndose de hambre, hombres que apretan el gatillo con alegría, policías y ejecutores... Voy a reunirme con Ken, si tengo suerte”.

Escribe Marinovich: hay una parte de mí que sigue viendo la muerte de Kevin de la misma manera que la vieron los jóvenes luchadores de Tokoza. Un día, volvimos con Joao a la calle Khumalo, muy cerca de donde había muerto Ken O, y nos encontramos con un grupo de camaradas que nos recordaban. Sus casas estaban inhabitables, incendiadas, pero ellos seguían ahí, porque no tenían dónde ir. Uno de ellos se había enterado del suicidio de Kevin, y me dijo burlonamente: ¿La vida era demasiado dura para él? - No supe qué contestarles”.

Fue el fin del Bang-Bang Club: “Nos sentíamos culpables. Nos sentíamos buitres. Habíamos pisoteado cadáveres, metafórica y literalmente, para ganarnos la vida. Pero no habíamos matado a esa gente. De hecho, salvamos vidas. Y, a lo mejor, nuestras fotos marcaron una diferencia, mostrándole al mundo la lucha de la gente por sobrevivir, algo que de otro modo no hubieran conocido, o no tan nítidamente. Hubo momentos, como en Soweto, donde fui culpable por no intervenir.

Pero yo no tenía la culpa por los miles de hutus muriendo de cólera en el este del Zaire, ni por la policía abriendo fuego sobre civiles desarmados en Boipatong.

El sentimiento de culpa quizá tenía que ver con nuestra incapacidad de ayudar. Manejar la culpa es fácil. Superar la incapacidad de ayudar es mucho más difícil, casi imposible. Hoy puedo decir que no sufrimos ni la centésima parte de lo que sufrió la gente de nuestras fotografías. Hoy puedo decir que no éramos responsables: solamente testigos”.

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Documental: La muerte de Kevin Carter
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Sudáfrica



ACTUALIZACIÓN, 20 de febrero de 2011- Crónica/El Mundo:

El periodista Alberto Rojas se desplaza a la aldea de Ayod para encontrar la pista de la niña. Finalmente descubre que, en realidad, era un niño, Kong Nyong, y que moriría 14 años después del encuentro fugaz con Kevin Carter. Fuente http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/18/comunicacion/1298054483.html