31 de marzo de 2007

Perdidos en Cabrera: el cementerio de los franceses

Ahora que estamos sensibilizados e indignados, por el trato que dispensa EEUU a las personas retenidas en Guantánamo, sin ser acusadas formalmente y con pocas posibilidades de un juicio justo, no estará de más recordar uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de España.


Viajaremos en el tiempo, a 1808.


Francia se había interesado por las riquezas de las colonias españolas de América . Napoleón consideraba que España era una pieza esencial para el dominio del Mediterráneo.
La destrucción de la flota española que conjuntamente con la francesa, había sido derrotada en
Trafalgar, hizo perder a Napoleón el deseo de mantener una relación de igualdad con España.

Así es que el emperador fue cambiando sus propósitos con respecto a España para pasar a un plan de intervención primero, después a uno de ocupación y por último a otro de sustitución de la Monarquía de los Borbones por otra encabezada por un miembro de su propia familia.

Napoleón pensó que la debilidad de la Monarquía española, con las disputas entre Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII, por el trono y que acabaron con la sustitución del primero por el segundo a raíz del Motín de Aranjuez, en marzo de 1808, le facilitarían sus planes.
Pero Napoleón confundía la debilidad de la Monarquía con la actitud del pueblo español que no estaba dispuesto a aceptar la presencia francesa en su suelo.
La Constitución de Bayona establecía un nuevo sistema político en España, a cuya cabeza figuraba el que a partir de entonces sería llamado José I.





Pero Napoleón, de nuevo, no había contado con el pueblo español. El 2 de mayo en Madrid, el pueblo, que se sintió traicionado por los presuntos aliados al darse cuenta de que sus intenciones eran las de ocupar por la fuerza la capital y toda la Península se levantó en armas contra las tropas francesas.
En un principio, creyendo que sería suficiente, Napoleón situó en España 92.000 hombres, pero
la derrota que sufrió en Bailén, cuando se disponía a ocupar Andalucía , así como las dificultades con las que tropezó en Zaragoza, Valencia y en Cataluña, le obligaron a tomarse más en serio los asuntos de la Península.
El emperador concentró en España,entonces, unos 300.000 soldados, muchos de ellos veteranos de las campañas en Europa, y los mejores mariscales del Imperio.
A comienzos de 1809 la situación en España era la siguiente: la mayor parte de la mitad norte se hallaba bajo el control de las armas francesas y el ejército regular español había sido prácticamente destruido. Parecía que los principales obstáculos para la ocupación del territorio español habían desaparecido y que el avance hacia el sur no tendría ya dificultades, con lo que la Monarquía de José Bonaparte podría asentarse
definitivamente.
Pero fue justamente entonces cuando hizo su aparición la "guerrilla", esa forma tan peculiar de hacer la guerra que los españoles “ inventamos” para poder hacer frente al formidable ejército napoleónico contra el que no tenían ninguna posibilidad de actuar por los medios convencionales.La guerrilla es un fenómeno de participación popular en la Guerra de la Independencia española que refleja la actitud decidida de toda una nación que se levanta en armas para liberar al país de la ocupación extranjera. Su origen es diverso, soldados del ejército regular que han quedado desenganchados de sus unidades, campesinos, o incluso contrabandistas y bandoleros que no tienen inconveniente en sumarse a esta “pequeña guerra”contra los franceses. Requisito indispensable: la existencia de un cabecilla que dirija y organice, aunque en la mayor parte de las ocasiones sea un hombre con poca o ninguna experiencia en las artes militares, pero sí conocedor del terreno y con dotes de mando.
Juan Martín El Empecinado, Espoz y Mina, el Cura Merino, y tantos otros dirigentes de la guerrilla se convirtieron en auténticos héroes de la guerra de la Independencia en España.
La eficacia de esta forma de hacer la guerra, radicaba en que se sembraba una constante intranquilidad y desasosiego entre las unidades francesas que no sabían cómo acabar con un enemigo invisible que actuaba con una extraordinaria movilidad y rapidez.(
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Así las cosas, en abril de 1809, 9 meses después de la capitulación de Bailén, 7000 prisioneros franceses embarcados en buques frente a la ciudad de Cádiz esperaban la liberación, serían repatriados a Francia . Llegan primero a la bahía de Palma (Islas Baleares ) y luego a la "isla de las cabras".
Son dieciséis navíos con hombres y mujeres destrozados por la fatiga, la sed, las enfermedades y, especialmente, la desesperanza. Una mujer ha parido gemelos antes de alcanzar esa meta, y algún hombre más ha muerto.

El posible intercambio con presos españoles en Francia no se cumple; los rumores de liberación se van contradiciendo ante un rosario de islas... (Archipiélago de Cabrera )
Los marinos españoles ordenan el desembarco a los franceses. Al menos es una pausa en sus penalidades, tocan tierra, locos y ebrios de pisar espacio firme. La isla no está habitada. Y los españoles se retiran en sus navíos dejando a los franceses a su suerte.


Después de “ojear” la isla, nada que hacer, sino esperar; algo a lo que ya se han acostumbrado. Frente a un fuerte abandonado y derruido sólo permanece un bergantín inglés.
Por fin, el descubrimiento de tres cabras que, al ser acorraladas al borde de un acantilado por tres mil hombres hambrientos, saltan al vacío y se esfuman para siempre.
Dos días después del desembarco, una chalupa de españoles les lleva los primeros víveres: pan , habas y aceite.
La vida se organiza lentamente en Cabrera.
Cada cuatro días la escuálida ración les iba a llegar.
A pesar de las renuncias de algunos por hacer algo que convierta esa estancia en algo estable, se van construyendo cabañas junto a la playa, aunque la mayoría de los soldados franceses no hacen sino resignarse a una espera fatídica mientras ven cómo sus cuerpos van siendo cada vez más esqueléticos.


Llegan hasta configurar calles, y una plaza que recibe el nombre de Palais-Royal, sitio de encuentro para intercambiar habas por pan o cualquier otro trueque. Los españoles se han enterado de que los franceses carecen de todo, pero algunos conservan algunas monedas de oro, así que comercian con ellos.
El 18 de julio de 1809 , el cura Damián Estelrich, llega a la isla como respuesta a una petición que han hecho los oficiales; es español y da su primera misa. Comienzan por incinerar a los cadáveres, luego los españoles les acercarán picos y palas con los que construyen un cementerio.

Ha terminado el verano de 1809 y sobreviene una gran tormenta. La tormenta barre gran parte de las chozas y a los hombres más débiles, deshace el hospital y extiende los muertos del cementerio por la ladera y las chozas del lado este. Hay que volver a empezar.
Después de la tormenta, los soldados se debaten entre el deseo de luchar y la tentación de la renuncia, partiendo solitarios hacia el monte.
Los carceleros, desde Mallorca, otorgan algunas concesiones : les llevan agua con la ración de comida, a algunos enfermos les ofrecen plazas en el hospital de Palma y a los “oficiales” de más rango , les dispensan con el favor de su partida hacia Palma.

Un enfermo, vuelve restablecido de Palma, con ropa nueva y bien alimentado, cuenta todo lo que ha vivido en la ciudad.
Ese paraíso que todos sueñan , provoca infinidad de"mutilaciones"voluntarias para que les destinen a los hospitales de Mahón o de Palma que pronto estarán abarrotados.
La población mallorquina protesta y devuelven a los detenidos con la promesa, nunca cumplida, de la construcción de un verdadero hospital en la isla.

Lo más terrible sigue siendo la sed, esperan el turno en la inmensa cola ante el chorrito de la fuente que han localizado en el interior de la isla.
La primera evasión la protagonizarán cuarenta marinos de la Guardia francesa, a los que les ha correspondido en un sorteo el intentarlo. Consiguen distraer a los españoles, que vienen con la ración, gracias a una pelea simulada.Los franceses toman la chalupa con el patrón español a bordo para que no les disparen.



El hambre, la sed, el hastío. Nada más que hambre, sed y hastío durante meses y meses.
Se roba para sobrevivir y hay que organizarse, reemplazan a la autoridad de la oficialidad creando un Consejo que tendrá doce miembros y cuya primera preocupación es conseguir un espacio, luego se impone una racional distribución de los alimentos, un orden en el uso del agua, dejan fuera de la ley los préstamos usurarios.
Así que se castigará a los detractores atándoseles a un palo durante cuatro a veinticuatro horas según la gravedad del delito; al reincidente se le cortará una oreja y, luego, ya se verá. Hay que ser severos para conservar la dignidad.
Casi un hombre de cada dos ha muerto,esto es, cerca de tres mil.

El Consejo de la isla reglamenta la caza y la pesca. También se ha construido una superficie elevada con ramas y hojarasca a modo de escenario de teatro, donde se representan las obras que recuerdan. Asisten los soldados que proceden de las ciudades, mientras que los campesinos prefieren convertirse en isleños silenciosos.

El tiempo se mide por el paso de las estaciones, perdido ya el sentido de los días, de los meses, incluso de los años. Sólo una señal invariable: la barca de los víveres, que si se retrasa un solo día provoca numerosos fallecimientos y una oleada de terror entre los supervivientes.
En 1810, después de un día de retraso, la barca con los víveres llega; sesenta audaces franceses se apoderan de la barca cuando los españoles toman tierra, pero los dos mil seres hambrientos que quedan en tierra les tiran piedras. Ya no vitorean a los fugados, están hambrientos y la fuga se ha precipitado, no ha sido consensuada; luego llegarán los vigías de la cañonera y bombardean a los que se han tirado al agua y a los que aún permanecen en la chalupa; no quedará ni un superviviente de los sesenta. Esto tendrá consecuencias funestas.
Pasan 4 dias no viene nadie, ni al quinto dia, ni al sexto...
El hambre hace devorar cardos guisados con otras yerbas que provocan perforaciones intestinales, también la "patata de Cabrera", un bulbo venenoso , y hasta se hacen al fuego“cocidos de ropas rasgadas” .
Intentan comer los restos humanos, pero la locura, el agotamiento y la repugnancia pueden con ellos. Alguno que intenta la antropofagia tendrá juicio y condena a muerte, por parte de los españoles.
Al octavo día de la terrible espera, y después de haber sacrificado al burro Martín, su mascota más querida, los marinos de la cañonera distribuyen sus reservas y dejan la vigilancia regresando a Palma. Cabrera agoniza.
A pesar de los cuidados, los gemelos que habían nacido en la travesía , mueren .
Al décimo día todos se refugian en una espera segura de la muerte. Y precisamente entonces se pasa de la ilusión a la realidad de la llegada de la cañonera y de la barca con los viveres. La abundancia mata también a quienes no tienen tranquilidad.

Desde el primer desembarco, se han ido sucediendo, desembarcos de decenas, centenas de prisioneros.
El 12 de marzo de 1810, regresan los oficiales de más rango. Cuentan su vida disoluta, fácil, en el acuartelamiento de Palma, hasta que la población les pretende matar; así que los tuvieron que retornar a Cabrera.
Su presencia revitaliza la vida de la isla: los primeros esfuerzos son para rehacer las chozas, incluso hacen una casa sólida con materiales procedentes de restos enterrados que van descubriendo; se otorga un suplemento de víveres por parte del Consejo de la isla. Se contabilizan 1.422 casas y se bautizan las calles, se elabora un mapa y se llevan a cabo nuevos e insospechados descubrimientos en la isla.
Los ingleses les traen suplementos de víveres y algunas ropas. Se potencia el comercio con ingleses y españoles. Los “isleños” ofrecen minerales encontrados en una gruta, y castañuelas, tenedores y cucharas talladas en boj.

También los maridos o amantes que no pueden mantener a sus mujeres,las venden para que ellas puedan sobrevivir. En una subasta, una mujer se oferta por diez francos vestida y cinco desnuda.

Cuarenta oficiales preparan una fuga y, en secreto, van construyendo una balsa que en tres meses está preparada; pero el último día, los españoles les descubren y la destrozan.
Aun cuando la preocupación esencial en Cabrera es el hambre, la situación se suaviza cuando la muerte de prisioneros permite una mayor ración a los supervivientes, aunque mal distribuida. El sistema se va volviendo injusto, pero el Consejo lo tolera, hasta que el Capitán Louxical exige justicia y la obtiene después de ser retado a duelo y vencer. Se termina con las ventajas .

El 27 de julio de 1810, cuando un manto de agonía cubre la isla, los ingleses se llevan a oficiales y suboficiales. A bordo del Britania son llevados a Plymouth y a Portsmouth luego, desembarcan y son conducidos a la prisión de Portchester, donde permanecerán hasta 1814.

Cabrera no es mas que un coto de envidias, desconfianzas y suspicacias, de hombres divididos , unos rabiosos por escapar, otros desesperados que se arrastran por el monte y algunos resistentes.

Los que sólo sueñan en huir,ven la posibilidad en las barcas de los españoles que pescan en la bahía de Cabrera. Unos lo consiguen y llegan a Berbería y, al fin, en septiembre de 1813, los evadidos se unen a las tropas francesas: son más de treinta hombres.
Masson, el cerebro de la fuga, no conseguiría un bergantín para liberar a sus compañeros hasta el 1 de marzo de 1814.


Pero siguen llegando prisioneros. En 1812, la Europa aliada envía a la isla el contingente más importante: unos mil quinientos prisioneros embarcados en Alicante.

No creen lo que están viendo y, como hicieran los primeros deportados, recorren la isla, ven la inmensa cola que espera un poco de agua, llegan hasta una gruta donde se agolpan cuatrocientos isleños, conducidos allí por su locura, por su enfermedad o por castigo a sus robos: son "los tártaros".
Los recién llegados de Alicante se horrorizan. Pero aún no han visto todo, les queda el hospital, mero vestíbulo del "Valle de los Muertos".

El cabo encargado de la fuente, prepara otra fuga. Mientras, nadie cree todavía en la derrota y retirada del Ejército Imperial.
En una de las visitas de los ingleses, un comandante vomita y al retroceder hacia el bergantín ven como un prisionero lame y devora el vómito.

Un día llega a Cabrera, Baltasar, el que va a ser el gobernador de la isla y que va a hacer trabajar a los detenidos para que no sigan intentando la evasión.
En la primavera de 1813, los”isleños”, excepto "los tártaros" y "los robinsones", se reúnen en la plaza Palais-Royal: preparación de una evasión, espera de una liberación inminente, están los que compran y los que venden cualquier cosa. Los charlatanes, los jugadores. Hay improvisados tenderetes, chozas transformadas en tienduchas. Se dan gritos, se oferta la mercadería. Ha aparecido dinero. Los productos que se venden se deben a los “agricultores” que plantaron semillas ofrecidas por españoles e ingleses, y al cura que da trabajo en un campo de algodón que quiere explotar.

En los acantilados del cabo Lebeche se descubren yacimientos de sal marina que se venderá a buen precio, pero que entraña un gran riesgo conseguirla. El dinero ha venido por los bastones tallados que venden a los españoles. Se ha conseguido a crédito un yunque. Y el cura organiza un taller de tejidos.
Hay ganaderos que”reproducen” las ratas para que no se exterminen.

Pero las grietas de la nueva sociedad crecen con las diferencias sociales: maestros, oficiales, aprendices y la corte de pobres: "robinsones" y "tártaros", incluso aparecen los “intermediarios”. Eso provoca enfrentamientos por envidias, egoísmos, robos, etc. Los pobres se vengan. Y se ha rechazado la autoridad del Consejo para pasar a soportar a Baltasar y a su adjunto, el comisario, que los trata como perros franceses.

El 16 de mayo de 1814 sólo quedan en la isla tres mil hombres. Una goleta maniobra ante la entrada del puerto, como si quisiera entrar en la bahía, ante tres mil hombres que no esperan nada. Los marinos arrían las velas y echan el ancla. Un oficial de la goleta grita a través de una bocina: "¡Libertad para los prisioneros!"
La locura se adueña de Cabrera.
Los detenidos llegan a la arena de la playa desde todos los rincones de la isla. Unos han podido hacerse con un taparrabos, otros visten una chaqueta desgarrada. Han pasado ¡cinco años y once dias¡
Les dicen que "Napoleón ha dejado de reinar. Francia entera ha aclamado el retorno del rey" .

La partida se organiza para una semana después en un primer convoy, será ya el 23 ó 24 de mayo; a finales de ese mes los barcos del rey regresan a por el resto de los prisioneros.
Todo arderá el día del embarque.

Aproximadamente, serían unos trece mil quinientos los detenidos que debieran haber regresado a su patria. Vuelven menos de tres mil. Tomado de "La agonía de los franceses en Cabrera"





En la página del ministerio de Medio Ambiente, donde aparece el parque natural del Archipiélago de Cabrera, podemos leer : "Los prisioneros franceses son trasladados a los pontones de Cádiz, barcazas que hacían la función de prisiones flotantes, y de allí a Mallorca, donde se ofreció Cabrera como alternativa, ante el temor de la población local de tener que albergar entre 6.000 y 9.000 prisioneros sin contar con las instalaciones adecuadas. El cautiverio se prolongó a lo largo de cinco años, hasta que se firma la paz en 1814. Sólo 3.600 hombres volvieron a Francia". Eso es todo.

Imágenes preciosas, y recientes, de la Isla de Cabrera


Les Grognards de Cabrera : 1809-1814 de Pierre Pellissier y Jéróme Phelipeau

Los franceses de Cabrera,traducción de Carlos Garrido







2 comentarios:

_lAural_ dijo...

Les presento el libro que se acaba de publicar:

Cuando el padre nos olvida
Los prisioneros de Cabrera en la Guerra de Independencia (1808-1814)

Autor: Gabriel Froger
Título original: Souvenirs de l’Empire. Les Cabrériens. Épisode de la Guerre d’Espagne.
Traducción de Laura García Gámiz.
Editorial: Objeto Perdido Ediciones; Lleonard Muntaner, Editor S.L.
Tl. 971 25 64 05 – Fax: 971 25 61 39
Páginas: 175
Precio: 17 €
ISBN: 978-84-15076-10-0
Fecha de impresión: 20 de octubre de 2010. Palma de Mallorca.

Mi afición por los libros antiguos me llevó a descubrir este ejemplar de mediados del siglo XIX: se trata de las memorias de un prisionero francés, uno más de entre los miles que fueron abandonados en Cabrera durante la Guerra de Independencia (1808-1814).
Conmovida por la experiencia de estos soldados cautivos, traduje el libro al castellano, pensando que se trataba de un trozo de historia que se quedó al margen y que el público en general desconoce. Creo que es justo sacarla a la luz, no solamente porque supone un complemento documental, sino también por el interés humano que encierra, al hacer un repaso de los valores personales en circunstancias extremas: amor y odio, solidaridad y crueldad, hermandad y supervivencia, profunda necesidad física y moral.
El protagonista empieza narrando el paso de las tropas francesas por los Pirineos, cómo atravesaron la península; la batalla y capitulación de Bailén, la marcha de los prisioneros hasta Cádiz, su estancia en los pontones; sigue con el traslado de las tropas hasta Mallorca, su estancia en Palma y posterior embarque hacia Cabrera, en donde pasaron seis años de miseria y dolor. Por último, Sébastien Boulerot describe cómo vivió los últimos meses con los oficiales en Ibiza para terminar con su liberación y posterior llegada a Marsella, en donde acaba la obra.
Se describen escenas terribles: agresiones físicas, torturas, canibalismo, sadismo, hambruna, locura… que contrastan con aquellas otras en las que el ser humano se supera gracias a la generosidad, la amistad, la valentía, el esfuerzo, el amor, la perseverancia, el ingenio… Todas ellas dignas de ser mezcladas y agitadas en la coctelera de un buen guión cinematográfico, aunque por desgracia, basado en la más cruda realidad.

Laura García Gámiz
Profesora de Lengua Francesa y Castellana y traductora.

Fco. Javier S.A. dijo...

Esto historia es contada en primera persona por un soldado napoleónico real llamado Luis François de Gille y de cuyo calvario en Cádiz y posteriormente en Cabrera, dejó constancia en un diario que fué publicado en Francia por primera vez por su hijo Philippe, en París, en 1892.
En España no se tradujo hasta el año 2010 bajo el título de "Memorias de un recluta de 1808". En el siguiente post tenéis una breve reseña sobre esta sobrecogedora historia:

http://www.elcajondelosmisterios.com/2013/12/memorias-recluta-1808.html