25 de marzo de 2007

WHITE BLACK YELLOW: Oliviero TOSCANI


El padre de Oliviero Toscani era Fedele Toscani, fotógrafo de Il Corriere della Sera en 1945, que fue conocido por realizar el reportaje gráfico sobre el tumulto que siguió a la captura de Mussolini y su mujer, y su posterior exhibición en Piazzale Loreto.

Oliviero Toscani siguió los pasos de su padre. Colaboró como fotógrafo publicista para distintas marcas comerciales, hasta que entró en contacto con Benetton en 1982, esto le daría fama mundial.

Las campañas comerciales de Benetton se distinguían por no dejar indiferente a ningún sector de la sociedad. Con sus fotografías, Toscani denunciaba la pobreza, el hambre, el racismo, el sida, las guerras, y la última campaña que le une a Benetton(año 2000) será la denuncia de la pena de muerte en EE UU, que haría que Benetton perdiera a uno de sus mejores clientes en ese país
Más información www.elmundo.es/magazine/m36/textos/toscani1.html

Benetton nos sorprendió durante la Guerra de Yugoslavia (1991). Cuando apenas había corredores humanitarios que pudieran abastecer de comida a la población asediada en 1995, Benetton concedió la franquicia para la venta de su ropa en Sarajevo.


Sacos llenos de tierra para protegerse se amontonan en la acera frente a los escaparates de la tienda, en una calle con las paredes agujereadas por la metralla.
La franquicia italiana de moda, ya extendida a todo el mundo, ha llegado a la principal avenida de Sarajevo, donde la dureza de una guerra puede ahora darse la mano con la última novedad en moda.
Hace apenas dos semanas, los soldados del Ejército bosnio recogían restos humanos de la acera a menos de 100 metros del lugar donde está la tienda, después de que una bomba de mortero asesinara a 37 personas.
El que las ropas de Benetton llegaran a Sarajevo fue un auténtico milagro, dado que la única ruta en activo hasta hace una semana era un túnel improvisado bajo el aeropuerto. Ahora, la ONU ha abierto ya una carretera que llega hasta la ciudad. [Sarajevo vive, Sarajevo resiste, El Mundo, 11 de septiembre de 1995]