9 de julio de 2011

El misterio del agua del bosque Nyambene



Reportaje de En Portada/TVE: El safari del agua

Bosque Nyambene- Meru, Kenya (Google Maps)



En 1942 a Giuseppe Argese le cambió la vida al entrar en contacto con un misionero de La Consolata. En 1950 entra en la orden y en 1957 llega a Kenya. Él mismo cuenta su mágica experiencia con el agua:




"En principio todo era nuevo para mí, pero lo más impresionante fue ver que la gente caminaba y caminaba sin zapatos largas distancias. Todo era seco y polvoriento. Y los únicos que tenían coche eran los colonos ingleses y las misiones. 
Una de las principales carencias que observé en la misión de Meru fue la falta de agua.  La situación en los años 60 era delicada porque el suministro de agua dependía de la lluvia, que aparecía dos veces al año. Dispensarios, hospitales y escuelas usaban el agua de los depósitos que recogían la lluvia. 

Comencé a buscar agua usando técnicas de zahorí, con la vara como instrumento más certero. Ciertamente, esa técnica me ayudó a descubrir por dónde corría el agua subterránea, pero no sólo usé la vara sino también el péndulo y mucha intuición. Cuando empecé a buscar el agua, observé a la gente y busqué el origen de algunos arroyos. Vi que las mujeres recorrían largas distancias para recoger agua en un lugar del bosque Nyambene. El agua que encontré nacía en el bosque que los lugareños consideraban sagrado. Una pared de la conocida como "montaña del agua" rezumaba el precioso líquido que se perdía en el subsuelo inmediatamente.
Hubo muchos problemas al inicio porque el bosque era el lugar para hacer los sacrificios a los dioses. (...) Una vez salvado este inconveniente pasé dos semanas en el bosque recorriendo sus caminos hasta que encontré una cascada de agua limpia y fresca.Y se comenzó a recoger cada gota de esa cascada, con un sistema de diques y canalizaciones. 
El agua corría por las paredes y por lo tanto se podía hacer un pequeño canal que llevaría el agua a un depósito. A partir de aquí todo empezó a complicarse. Estudiando y leyendo libros fui adquiriendo el conocimiento necesario para poder llevar adelante la obra. Estudié el terreno, sus valles y colinas y, gracias a la ayuda de amigos ingenieros que han pasado por aquí y han dado sus sugerencias, diseñamos un plan que hasta ahora se ha ido cumpliendo. 

El agua ha traído cambios impresionantes en la zona: educación, salud, economía, trabajo …
Este proyecto da trabajo directo a unas 200 personas, y los trabajadores eventuales llegan a ser más de cien, ya que la maquinaria es prácticamente inexistente. Además, es una cuestión de justicia: si introducimos maquinaria pesada, además del daño ecológico, quitamos trabajo
a muchas familias. 
Los cambios han sido radicales. El primero ha sido la salud, no hay problemas de cólera o tifus, y los centros de salud y hospitales se han extendido por toda la región.
Más tarde se abrieron escuelas que garantizaron una educación continuada.   
Además se han abierto mercados y negocios, elevando el nivel de vida de la zona.Kenia es un país medio dormido, no ha terminado de despertarse y no es capaz de levantarse. Pero tengo que decir que si está en esta situación no es porque quiera sino por los intereses macroeconómicos que condicionan los mercados. Un día se despertará y producirá sus propios bienes y no exportará sólo flores y verduras…"

Argese encontró una cascada que reunía el agua de varios manantiales. Se llamaba Ura, y daría nombre a un primer embalse de 6.000 metros cúbicos y a una segunda presa que multiplicó por diez esos recursos, 60.000 metros cúbicos. La tercera, en marcha, llegará a los 500.000 metros cúbicos.

El proyecto se esforzó desde el principio por acercar a la población el agua, con 22 kilómetros iniciales de tuberías que la llevaban hasta la misión, adonde los lugareños acudían a recogerla. Pero el misionero estaba empeñado en garantizar el suministro para las épocas sin lluvia y siguió buscando nuevas fuentes hídricas, levantando diques, construyendo depósitos y ampliando la red de tuberías para no dejar escapar ni una gota.


En el bosque ecuatorial de Nyambene se desvela el misterio: la niebla y el cambio de temperatura provocan una condensación del agua y su posterior exudación. Ese "sudor" de la montaña se filtra, entre 2,5 y 30 litros por segundo (según el tiempo sea seco o lluvioso), por sus paredes interiores, Argese ha ido cavando túneles para recuperar hasta la última gota de este "sudor".

Fuente información: Manos Unidas