28 de diciembre de 2008

Las inocentes pulgas

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Increíble pero cierto. Hubo tiempos en que las pulgas eran parte de la familia en los hogares. Así que no tardó en surgir la idea de encontrarles una ocupación para que aportaran ingresos extras a las mermadas economías del siglo XIX. Surgen así los Circos de Pulgas.

Las pulgas debían perder la costumbre de desplazarse a saltos. Se introducían en unas cajitas con poca altura. Impulsadas por su instinto natural seguían brincando hasta acabar agotadas.




Concluida la primera fase del adiestramiento las ataban con finos hilos a carritos, norias y otros objetos de papel.



Durante el espectáculo las pulgas al intentar huir arrastraban la carga, disparaban diminutos cañones o saltaban desde un trampolín. Acabada la función el domador colocaba a las artistas circenses en su brazo para que chuparan sangre y recobrasen las fuerzas.



La especie más utilizada por los 'domadores' era la diminuta pulga común o humana, la Pulex irritans, con una longitud que no sobrepasa los 4 milímetros.