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1 de agosto de 2008

El mito de la escasez de petróleo


The Age of Oil: The Mythology, History, and Future of the World's Most Controversial Resource (Leonardo Maugeri)


No es casualidad que a lo largo de toda su historia, lo que se ha llamado ‘el oro negro’, haya dado origen a mitos, a obsesiones y a malas interpretaciones de la realidad conllevando a políticas equivocadas y marcando inexorablemente su percepción por parte de la opinión pública mundial. La lista de estas distorsiones es larga, sin embargo, algunas merecen un cuidado especial.



Es el caso del mito del “fin del petróleo” (recurrente desde la segunda mitad del siglo XIX) y puntualmente desmentido por rachas de sobreproducción.

La obsesión por el control de las reservas y del mercado del crudo ha producido dolorosos e inútiles conatos de imperialismo petrolífero, alianzas políticas improbables y repetidos intentos de crear monopolios y oligopolios. Una obsesión que ha añadido drama al drama cuando se ha entrelazado con las frágiles promesas institucionales y las dramáticas tensiones internas de estados jóvenes, creados por el cinismo colonial y destinados a existencias infelices.

Sin embargo, los mitos y malas interpretaciones de la realidad son difíciles de desmentir, gracias a su poder de triunfar sobre los hechos y de sobrevivir más allá de la memoria histórica de estos mismos hechos y de sus interpretaciones más lúcidas.
En un mundo tan complejo y técnicamente tan difícil como el del petróleo el mito encuentra un terreno muy fértil porque da una explicación sencilla, aparentemente convincente y dramáticamente potente, de procesos a veces difíciles de representar de forma simple.
No es del todo sorprendente, entonces, que frente a la nueva crisis petrolífera que ha marcado el comienzo del siglo XXI, los mitos y los miedos hayan vuelto a aparecer condicionando las interpretaciones de la misma, fomentando el debate sobre las posibles soluciones y proyectando obscuros escenarios para el destino de la humanidad.


Una vez más no estamos al borde del precipicio, ni estamos viviendo una revolución copernicana del mundo de la energía que hace de nuestro tiempo una excepción respecto a ciclos ya vividos en el pasado.

Leonardo Maugeri desenreda los mitos y las distorsiones de la realidad que aún caracterizan las interpretaciones sobre el presente y el futuro del preciado hidrocarburo. Para hacerlo, empieza por la fascinante historia de esta materia prima que con sus tendencias y contra-tendencias, puede ofrecernos la mejor clave para entender el tiempo que estamos viviendo y por qué lo estamos viviendo justo ahora.


Todo se inicia desde los albores de la industria surgida frenéticamente por el espejismo colectivo de riqueza suscitado por el primer pozo petrolífero moderno, el del ‘coronel’ Drake en Pensilvania occidental (1859) y luego organizada con cinismo científico y despiadado por John D. Rockfeller.

"En 1859, Edwin Drake, un ferroviario estadounidense retirado, dedicó sus ahorros a realizar un sondeo y se convirtió en propietario del primer pozo de petróleo del mundo. El hecho ocurrió a 120 kilómetros de Pittsburg, en Pensilvania. Drake perforaba sobre el emplazamiento de un antiguo poblado de indios senecas, cuando una sustancia negra y untuosa salió a borbotones a la superficie.El joven John D. Rockefeller, enviado por un banco para redactar un informe, declaró que el hallazgo no parecía rentable. Pero él mismo refutaría este dictamen durante el resto de su vida, al convertirse en la primera fortuna del universo precisamente por los pozos petrolíferos.Con la aprobación de Rockefeller o sin ella. Se formó inmediatamente la Seneca Oil Company, que puso fin a la dependencia del hombre con respecto a las ballenas como fuente de combustible líquido.

En sólo un año, aquel lugar abandonado se hizo sede de una comunidad floreciente, a la que se dio el nombre de Oil City. Se realizaron prospecciones, con la esperanza de hallar combustible líquido para el alumbrado y la calefacción. 
La búsqueda del petróleo se inició con el fin de descubrir un sustituto barato del aceite de ballena para las lámparas del alumbrado. 

En realidad el petróleo se conoce desde hace miles de años, aunque su explotación como recurso ineludible sea un fenómeno moderno. Hacia el año 3000 antes de J.C., sumerios, asirios y babilonios utilizaban el betún como mortero en la construcción y para engaste de joyas. El betún era el petróleo filtrado naturalmente hasta la superficie de la tierra y secado al sol". 



En la reconstrucción de los hechos, L. Maugeri intenta acabar con la mayoría de los mitos y de las obsesiones generadas por cada ciclo y que aún contribuyen a la percepción colectiva del universo petrolífero.

Entre ellos, probablemente el más longevo, es el representado por el vínculo entre el miedo a la escasez del crudo y la lucha global para el control de las reservas y la seguridad de los aprovisionamientos. Es el temor a la escasez lo que lleva a las grandes potencias a desarrollar las primeras políticas de fuerza con la finalidad de dominar las fuentes del oro negro disponibles a principios del siglo XX.



Más adelante, fue la percepción de una progresiva disminución de los recursos petrolíferos de los Estados Unidos lo que inspiró la estrecha relación entre el gobierno americano y el de Arabia Saudita y fue la preocupación de que el 'petróleo árabe' pudiera caer bajo la influencia de la Unión Soviética suficiente para condicionar buena parte de la política exterior estadounidense, en Medio Oriente, después de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo la obsesión de un mundo con dificultad de abastecimiento de petróleo ha sido sistemáticamente desmentida por la realidad.

En los años ’20, es decir, cuando la industria petrolífera moderna apenas se estaba consolidando, ya se empezaba a hablar de escasez aunque ya había habido pruebas de que se trataba de ciclos o de altibajos en la producción que rápidamente desmentían a los más pesimistas.

De hecho en los años ’30 hubo una de las más terribles crisis de sobreproducción que causó una prolongada caída de los precios.


De manera análoga en los años setenta una serie de previsiones negativas vaticinó la llegada de un 'juicio final' para el petróleo. La misma CIA estuvo entre los profetas que preveían que la producción mundial ya hubiera llegado a su máximo o estuviera muy cerca por el rápido agotamiento de los depósitos accesible de crudo convencional presentando la posibilidad de guerras de diferente intensidad para acaparrarse las pocas fuentes disponibles de energía.

En 1986 un nuevo ciclo de sobreproducción determinó una de las más dramáticas caídas de los precios de todos los tiempos.


[La crisis del petróleo provocó en 1987 el cierre de numerosos pequeños bancos de EE UU, noticia de El País, 07/01/1988 ]

Comprender el origen y las consecuencias culturales y psicológicas de la mayoría de los mitos y de las percepciones equivocadas que han llevado a una evaluación errónea de la situación es fundamental para entender los problemas que el mundo del petróleo debe enfrentar hoy en día.




Así que si estás convencido de que el oro negro se está agotando, descubrirás que el mundo reposa aún sobre abundantes reservas de crudo que esperan ser explotadas adecuadamente.
Si crees que China y otros países emergentes representan una espada de Damocles para el futuro energético de la Humanidad, descubrirás que son un falso problema ya que es mucho más preocupante el caso de Estados Unidos.





Y si además opinas que los grandes países productores y su principal organización –la OPEP– pueden ejercer cierto control, descubrirás estar equivocado porque el mundo del petróleo está fragmentado entre muchos actores en competencia y, a menudo, abiertamente hostiles entre ellos dado que persiguen designios diferentes.

Sobre todo descubrirás que por mucho que la geopolítica y los eventos políticos de muchos países y áreas del mundo jueguen un papel importante y, probablemente, único en el universo del crudo, las leyes de la economía son las que determinan los fenómenos estructurales de este ámbito. Leyes que no responden a las órdenes de nadie, capaces de mover repentina e inesperadamente el péndulo del mercado petrolífero en la dirección opuesta a la que todos estábamos acostumbrados a considerar normal.

Por estas misma razones descubrirás que es necesario no sobrestimar el vínculo entre islamismo radical y cuestión petrolífera, ni alimentar temores injustificados acerca de la naturaleza y la confiabilidad de muchos gobiernos de grandes productores de crudo.

La intensidad del radicalismo islámico no es diferente a
la del panarabismo nasseriano que , por otra parte, tuvo efectos mucho más concretos sobre la realidad del mundo árabe.Además, el mito muy conocido de la posibilidad de un chantaje petrolífero a Occidente por parte de los países productores orientados a posiciones extremistas (aunque pueda tener cierta veracidad a corto plazo) en el largo, no toma fuerza por la realidad misma del mercado. El mismo chantaje que acompañó la primera crisis petrolífera de 1973, en realidad, pertenece más a la psicología colectiva y de la cual derivan sus efectos.
[El G-7 se inventó a mediados de los setenta, tras recibirse el impacto de la crisis petrolera de 1973. En aquella época ya había un problema de precariedad alimentaria. Se solucionó mediante la "revolución verde": más petróleo y tractores para aumentar la productividad. ]




No obstante aunque podamos asegurarnos de que la situación respecto a las diferentes facetas vinculadas al mundo del petróleo no es tan catastrófica, en estos días estamos en una situación de crisis que deriva directamente de la posesión, búsqueda y almacenamiento del preciado líquido.

Por muy increíble que pueda parecer, el alto costo que el mundo paga hoy en día por el petróleo es la consecuencia de precios bajos que por casi dos decenios han desincentivado la investigación y el desarrollo de nuevos yacimientos en las áreas del planeta que son más ricas en crudo.


Con el paso del tiempo la capacidad productiva global se ha reducido: las cantidades en reserva necesarias para hacer frente a los momentos imprevistos de crisis han llegado al mínimo, trasformando el precio del petróleo en un rehén de cualquier evento político y hasta climático, de cualquier miedo real o alimentado por las indiscreciones del mercado y las especulaciones.

Frente a los precios del crudo, que han llegado ha oscilar entre 70 y 80 dólares al barril (referido a 2006), todos tendemos a olvidar que, desde mitad de los años ochenta hasta principios del nuevo siglo, el crudo ha costado entre 18 y 20 dólares el barril; precio deprimido por un exceso de oferta que, por dos veces, ha explotado generando el colapso de los precios (1986 y 1998-99).

En ambos casos el precio bajó también a menos de 10 dólares el barril, consolidando la convicción de que el oro negro se volvía “un bien como todos los demás”. Sin embargo, mientras el mundo se ilusionaba, el fuego ardía bajo las cenizas.
Obsesionados por el riesgo de sobreproducción ya en los años ’80 los grandes países petrolíferos habían renunciado a invertir en la búsqueda de nuevos yacimientos, limitándose a producir sólo en los activos. Las proporciones de este fenómeno son impresionantes, sin embargo, desconocidas.


En los últimos 25 años, más del 70% de la explotación petrolífera mundial se ha concentrado en los Estados Unidos y en Canadá – áreas ya maduras que tienen menos del 3 por ciento de las reservas de crudo del planeta.

En cambio, en Medio Oriente, las actividades de exploración han sido sólo del 3 por ciento del total mundial, a pesar de que la región controla más del 70 por ciento de las reservas.

En todo el Golfo Pérsico (65 por ciento de las reservas) se han perforado menos de 100 pozos de exploración entre 1995 y 2004; en el mismo periodo en los Estados Unidos se han realizado 15.700.

En Arabia Saudita, por ejemplo, se han perforado sólo 300 pozos de exploración desde el comienzo de la era petrolífera del reino en los años ’30 del siglo XX, contra los varios centenares de millares de los Estados Unidos. Para Irán e Irak la situación es aún peor
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Rusia paga aún hoy el precio de un retraso tecnológico y los daños de la gestión de los yacimientos heredados de la era soviética e invierte muy poco para ampliar su base productiva.

Venezuela podría doblar su oferta de crudo en diez años atrayendo tecnología y capital extranjero: al contrario, razones políticas determinan una caída de la producción en el 2006.




En realidad la mayoría de los grandes países petrolíferos obtiene el producto de yacimientos muy antiguos, descubiertos en la primera mitad del siglo XX y activos desde entonces. En muchos casos su producción es sostenida por tecnologías y medios atrasados de hace cincuenta o sesenta años.
Las grandes y pequeñas compañías occidentales pueden relativamente poco frente a esta situación. En conjunto, controlan menos del 8 por ciento de las reservas mundiales de crudo; de éstas, más del 90 por ciento pertenece a países que no permiten su control a sujetos extranjeros y que no tienen capacidad para desarrollarlas por sí mismos.


Mientras el mundo industrializado teme por la seguridad de la oferta futura de energía y de su precio, los países productores de petroleo hasta ayer tuvieron la preocupación opuesta: la seguridad de la demanda. ¿Se mantendrían estables los consumos del crudo?
En caso negativo, ¿quién habría pagado las inversiones para una capacidad productiva que no habría tenido mercado?
Además, ¿por qué contribuir a la disminución del precio del petróleo cuando muchos gobiernos de los países industrializados, a través de los impuestos los hacen doblar (Japón) o hasta triplicar (Europa)?

Asimismo en el momento en el cual la sobreproducción y los precios bajos ahogaban los presupuestos y las expectativas de los países productores, nadie en Occidente se preocupaba ni del problema de la seguridad de los aprovisionamientos ni de los riesgos económicos y sociales de los productores. Desde hace años, la OPEP pedía en vano un diálogo constructivo con los países industrializados para estabilizar los precios a niveles más altos, para así permitir las inversiones necesarias y desarrollar la oferta que, de lo contrario, habría sufrido recortes en los gastos. Occidente no contestó; sin embargo en el corto plazo las admoniciones de la OPEP se materializaron.

El mundo se encuentra ahora en una situación totalmente opuesta y la crisis del petróleo (y del gas) ha invertido los roles. Occidente es el que pide un diálogo constructivo con los países productores para estabilizar y asegurar la oferta, mientras la mayor parte de aquellos goza de una fase de bonanza y se muestra indiferente a las peticiones. Algunos presentan una solución sencilla para hacer segura la oferta futura: sería suficiente que los países industrializados suscribieran contratos de compra de crudo a largo plazo (10 años) a un precio fijado con antelación de 45-50 dólares el barril (nota:datos referidos a 2006). Sin embargo, Occidente quiere también precios bajos o, por lo menos, un precio determinado por las libres fuerzas del mercado en un contexto de plena competencia entre los productores. Hoy como ayer, las exigencias de las dos partes parecen aún lejanas.


¿Cómo y cuándo se podrá salir de este estado de crisis? Una vez más, la respuesta es una paradoja: sólo precios elevados del petróleo pueden ser un antídoto doloroso, pero eficaz, para las tensiones actuales.

En parte ya vemos los efectos, pero se necesita tiempo. Gracias al aumento de los precios en los últimos dos años, el ciclo de las inversiones petrolíferas se ha puesto en marcha permitiendo a las sociedades privadas implementar grandes proyectos en áreas costosas y difíciles y a los grandes productores, volver a encontrar las razones para invertir.

Esto no significa, necesariamente, que podamos esperar estabilidad o que sea posible evitar otras crisis en el futuro.

Incertidumbre y volatilidad son características comunes a todas las actividades humanas y como L.Maugeri nos avisa, han sido una constante de toda la historia de la industria petrolífera.


Pero concentrarse sólo en los aspectos negativos, utilizándolos como base para construir obscuras visiones del futuro, significa perder de vista lo global.

L.Maugeri, nos transmite claramente que la era del petróleo no acabará por el fin del mismo, así como la edad de la piedra no acabó porque se terminaran las piedras. No obstante el mundo del oro negro esté hecho de crisis, tensiones, intereses y dinero, no podemos decir que esto nos condena a una lucha violenta para garantizar la seguridad de nuestras futuras exigencias energéticas. Sólo la incapacidad de los que han de tomar las decisiones para comprender esta realidad y actuar al respecto, puede llevarnos al borde del abismo. Tomado de http://confines.mty.itesm.mx/articulos6/PerniO.pdf

17 de julio de 2007

Txictli o goma de mascar



El hábito de mascar, común a los primates , empieza con la lactancia, y continúa con el irrefrenable deseo de chuparse el dedo, o en su defecto el chupete.
El ser humano ha mascado siempre. Los griegos mascaban la resina del lentisco, los mayas la del chicozapote , originario de los bosques tropicales de la península de Yucatán y el norte de Guatemala. Este líquido en su estado natural, casi no tiene sabor y es muy difícil de masticar. Los nativos solían recoger el látex mediante incisiones en el árbol, convirtiéndolo en una pasta, que es como se ha comercializado desde entonces y que sirvió de base para la preparación del chicle moderno. El chicozapote es el árbol más abundante de la selva maya.
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Historia general de las cosas de Nueva España (fray Bernardino de Sahagún (1500-1590):

"El chapopotli es un betún que sale de la mar, y es como pez de Castilla, que fácilmente se deshace y el mar lo echa de sí, con las ondas, y esto ciertos y señalados días, conforme al creciente de la luna; viene ancha y gorda a manera de manta, y ándanla a coger a la orilla los que moran junto al mar. Este chapopotli es oloroso y preciado entre las mujeres, y cuando se echa en el fuego su olor se derrama lejos. (...)
Hay dos maneras de este betún; el uno es el conque se mezcla la masa o la resina olorosa, que se mete en los cañutos conque dan buen y trascendente olor. El otro es de la pez que mascan las mujeres, llamada txictli, y para que la puedan mascar, mézclanla con el axin, con el cual se ablanda, de otra manera no lo mascan, antes se deshace: la mayor parte de las que lo mascan son las muchachas y mozas que ya son adultas y mujeres; pero no lo mascan todas en público, sino las solteras y doncellas, porque las casadas y viudas, dado caso que lo masquen, no lo hacen en público sino en sus casas; y las que son públicas mujeres, sin vergüenza alguna, lo andan mascando en todas partes: en las calles, en el tianguis, sonando las dentelladas como castañetas; las otras mujeres que no son públicas, si lo mismo hacen, no dejan de ser notadas de malas y ruines por aquello. La causa porque las mujeres mascan el txictli es para echar la reuma, y también porque no les hieda la boca o porque el mal hedor que ya tienen no se sienta, y por aquello sean deshechadas. Los hombres también mascan el txictli para echar la reuma, y para limpiar los dientes; empero hácenlo en secreto. Los que son notados de vicio nefando, sin vergüenza lo mascan, y tiénenlo por costumbre andarlo mascando en público; los demás hombres, si lo mismo hacen, nótanlos de sométicos". (Tomado de Chapapote. Historia de la palabra)
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Los indios norteamericanos masticaban la resina del abeto y los primeros colonos ingleses hicieron una goma de mascar agregando cera de abejas a la resina del abeto.
En 1846, el estadounidense John Curtis fabricó y comenzó a vender la primera goma de mascar, fabricada con resina de abeto y parafina. Tuvo éxito inmediato
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El chicle moderno fue fruto de un cúmulo de casualidades,Thomas Adams había intentado hacer diferentes negocios antes de convertirse en fotógrafo durante la década de 1860. Por esa época, el General Antonio López de Santa Anna se exilió de México y por azares del destino se hospedó en la casa de Adams en Staten Island, Nueva York.
Fue López de Santa Anna, quien le sugirió a Adams, que experimentara con el "chicle" de su país. Santa Anna pensaba que podría usarse como materia prima para hacer” llantas”. Adams consideró que la idea tenía posibilidades y pidió que le enviaran de México nada menos que una tonelada de "chicle".
Thomas Adams intentó procesar el chicle para convertirlo en un sustituto del caucho y hacer diversos productos como juguetes, botas impermeables y llantas de bicicleta, pero todos sus experimentos fracasaron. A punto de deshacerse de la voluminosa mercancía, Adams encontró un uso alternativo a la resina.Recordó que los nativos de México ya usaban el chicle como goma de mascar e incluso había visto a López Santa Anna masticando trozos del producto. Le preguntó a un farmacéutico si estaría dispuesto a vender su producto y aceptó. Adams y su hijo Tom, prepararon unas cuantas cajas de goma de mascar de chicle, poniéndoles un nombre: Adams New York nº1.
Las primeras remesas de chicles, eran unas bolitas sin sabor envueltas en papel de seda de varios colores.
En 1871, Thomas Adams patentó una máquina para manufacturar su goma de mascar y cinco años después fundó la compañía Adams e Hijos.

John Colman, un farmacéutico de Kentucky, fue el primero en vender chicles con sabor, añadiéndoles un bálsamo medicinal, pero no le fue muy bien con sus ventas. Poco después, los Adams lanzaron los chicles con sabor a regaliz y luego los de tutti frutti, que fueron los primeros en comercializarse en máquinas, ubicadas en las estaciones del metro neoyorquino.
Para finales del siglo XIX, Adams se había convertido en la compañía fabricante de goma de mascar más próspera de los Estados Unidos.
En 1906, Frank Fleer inventó el primer "chicle bomba", al que llamó Blibber-Blubber, que sin embargo nunca se vendió.

William Wrigley Junior y Henry Fleer, hermano de Frank, crearon la marca Wrigley Doublemint y fueron los responsables de añadir los populares extractos de menta y fruta a la goma de mascar. Wrigley, un ex vendedor de jabones, consiguió en 1915 una copia de todos los directorios telefónicos de los Estados Unidos y envió tres muestras de su producto a cada nombre y domicilio que aparecía en los listados, lo que disparó de inmediato sus ventas.
En 1928, Walter Diemer, un empleado de la compañía de los Fleer, perfeccionó la receta de Frank para el chicle bomba y llamó al nuevo producto Double Bubble(Bubble Gum) . En poco tiempo se convirtió en la sensación de Estados Unidos. La moda de hacer
"pompas de chicle" no hacía más que empezar.

Aunque la goma de mascar se volvió popular en los Estados Unidos, en el resto del mundo no fue conocido hasta la Segunda Guerra Mundial, momento en el que los soldados de EEUU, la llevan consigo.
En los años 50, la aparición de la goma sintética ocasionó una vertiginosa caída de la extracción del chicle. El chicle natural atraviesa por la peor crisis de su historia. Lo que mascamos hoy en día ya no es chicle, sino un polímero sintético derivado del petróleo llamado acetato de polivinilo, un compuesto insípido e inodoro al que se le agregan diferentes saborizantes y endulzantes naturales o artificiales. La razón principal de este cambio es el precio de la materia prima.(leer + )

Hoy las ciudades están aquejadas de una plaga, la de los chicles pisoteados "adornando sus calles". He encontrado un blog, Slynation, donde se ocupan de este tema y dice que tardan 5 años en desaparecer(fuente :barrameda.com,).

Consejos para el consumo de chicles.

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6 de agosto de 2008

Sodoma y Gomorra: la lujuria del betún de Judea

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Los acontecimientos bíblicos que tienen como escenario el Mar Muerto comienzan en las “ cinco ciudades de la llanura”, (Génesis 10,19): Sodoma, Gomorra, Adama ( Adma), Seboím y Segor( o Zoar). La Biblia dice que estas ciudades eran ‘al principio’ un auténtico paraíso (Génesis.13,10) y los antiguos historiadores y geólogos, así lo creyeron hasta el siglo XX . Actualmente la geología ha demostrado que siempre fueron zonas pedregosas, áridas e infértiles, donde nunca pudo desarrollarse un sistema económico basado en la agricultura. La arqueología y los antiguos historiadores remarcan la sequedad de la llanura del Mar Muerto desde hace miles de años.[ http://www.mazzaroth.com/ChapterFour/CitiesOfThePlain.htm]


«Esta región está abrasada por el fuego. De ello dan testimonio, entre otros objetos, algunas calcinadas rocas que se ven cerca de Masada; las hendiduras del terreno; los peñascos que destilan pez; los arroyuelos que hierven, y cuyo olor desagradable se percibe de lejos; los montones de ruinas de edificios, esparcidos aquí y allá; de suerte que bien puede darse fe a la tradición, que repiten todos los indígenas, según la cual, hubo trece ciudades en aquella región, en la que aún se veía el perímetro de la metrópoli Sodoma, que tenía sesenta estadios de circuito. A consecuencia de terremotos, de erupciones de llamas y de aguas bituminosas y sulfurosas, debió haber desbordado el lago; inflamáronse las rocas, y por lo que hace a las ciudades, fueron sepultadas unas y abandonadas otras por los habitantes que pudieron huir.»(libro XVI, cap.II)
[Many other evidences are produced to show that the country is fiery; for near Moasada are to be seen rugged rocks that have been scorched, as also, in many places, fissures and ashy soil, and drops of pitch that emit foul odours to a great distance, and ruined settlements here and there; and therefore people believe the oft-repeated assertions of the local inhabitants, that there were once thirteen inhabited cities in that region of which Sodom was the metropolis, but that a circuit of about sixty stadia of that city escaped unharmed; and that by reason of earthquakes and of eruptions of fire and of hot waters containing asphalt and sulphur, the lake burst its bounds, and rocks were enveloped with fire; and, as for the cities, some were swallowed up and others were abandoned by such as were able to escape. But Eratosthenes says, on the contrary, that the country was a lake, and that most of it was uncovered by outbreaks, as was the case with the sea.
In Gadaris, also, there is noxious lake water; and when animals taste it they lose hair and hoofs and horns. At the place called Taricheae the lake supplies excellent fish for pickling; and on its banks grow fruit-bearing trees resembling apple trees. The Aegyptians use the asphalt for embalming the bodies of the dead.] Tomado de párrafo 44-45, Capítulo 2, Libro XVI, Geografía de Estrabón
 



Tácito (Historias lib. V, cap. VI) cuenta:

«Los campos inmediatos al Mar Muerto, en otro tiempo fértiles y cubiertos de ciudades populosas, fueron abrasados por fuego del cielo; que aún subsisten las huellas de aquel azote; que la tierra misma, cuya superficie parece calcinada, ha perdido la fuerza de producir; que todos los vegetales, lo mismo los que se dan espontáneamente que los que cultiva la mano del hombre, se agostan en hierba o en flor, y si por ventura llegan a su término ordinario, el fruto que producen, negro y vacío, se convierte en polvo.»
[
El fruto negro y vacío es “El Manzano de Sodoma”( Solanum Sodomeum), un arbusto espinoso que crece hasta los dos metros y que da unos frutos que a simple vista parecen comestibles, pero cuando los abren sacan una especie de ceniza.]



Qué tipo de economía les permitió vivir en un lugar tan inhóspito como describe Estrabón. Si la zona del Mar Muerto siempre ha sido un yermo, ¿ cómo habrían sobrevivido dos importantes ciudades a las orillas del lago?
Y la explicación parece ser la misma que hoy damos para entender la opulencia económica de los pueblos que dependen del petróleo...

El betún de Judea o asfalto natural que hay en esta zona desde tiempos remotos fue muy apreciado ya en la antigüedad. Era un aislante del agua, ideal para la cementación de las casas y parte esencial en la construcción de embarcaciones. Fue utilizado para embalsamar las momias egipcias, y Egipto fue un gran importador de este material. Precisamente, en tiempos de Roma, el Mar Muerto fue llamado “Lagus Asfalticus”, y posteriormente se le ha denominado: lago Asfaltites, mar de Sodoma, de Gomorra y de Segor y los beduinos lo llamaban Bahr-el-Luth o Mar de Lot.
El químico orgánico Arie Niessenbaum, tiene pruebas de que en tiempos de la Edad del Bronce, el asfalto natural del Mar Muerto era exportado a Egipto. Se ha hallado este material en Egipto y se ha comparado su huella química con el del Mar Muerto. Ambos ejemplares coinciden en su análisis químico por lo que proceden del mismo lugar; proceden del Mar Muerto.
Diodoro de Sicilia en su obra 'Biblioteca Histórica', Libro XIX, cap. XXV dice:
«Aquellos bárbaros, que no conocen otra clase de comercio, llevan asfalto a Egipto, y le venden a los embalsamadores de cadáveres, que sin la mezcla de esta materia con otros aromas, sería difícil preservar largo tiempo de la corrupción».



Estrabón en su 'Geografía' (Libro XVI, cap. II, párrafo 42), dice:

«Sube del fondo en épocas indeterminadas, produciendo burbujas, como el agua hirviendo. En la superficie se encorva y parece una pequeña colina. Al propio tiempo se producen vapores, que aunque, imperceptibles a la vista, empañan el cobre, la plata y cualquiera otro metal pulimentado y brillante, incluso el oro. Creen los habitantes de aquellos contornos que está el asfalto a punto de aparecer en la superficie cuando empiezan a empañarse los metales; y entonces se aprestan a recogerle, valiéndose de balsas, hechas de juncos. El asfalto es una especie de terrón, que derretido por el calor se hincha y mana.
En contacto con agua fría, como es la del lago, se transforma de nuevo en una masa tan compacta, que necesitan instrumentos cortantes para despedazarlas. Los habitantes, pues, se acercan al asfalto en sus balsas, le cortan y llevan cuanto pueden».



Las primeras interpretaciones sobre la catástrofe de Sodoma y Gomorra apuntaron, durante el siglo XIX, a una actividad volcánica. La hipótesis de que un volcán hubiera arrasado las ciudades de Sodoma y Gomorra fue refutada por Dr.von Schuberts en su obra ‘Reise in das Morgenland’ (tomo III, pág.94): «es imposible creer en la existencia, en aquella región, de antiguos volcanes. Más bien se descubren las huellas de un incendio que consumió todo el azufre y asfalto».

En la Biblia podemos leer sobre Sodoma y Gomorra:
Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; Génesis 19,24.
Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno; Génesis 19,28
Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos; Lucas 17,29
Y si condenó por destrucción las ciudades de Sodoma y de Gomorra, tornándolas en ceniza, y poniéndolas por ejemplo á los que habían de vivir sin temor y reverencia de Dios; Pedro 2,6
[ Podéis leer(48) versículos que hablan de Sodoma y Gomorra (Biblia online.org)]


Después de cien años, surge 'una nueva teoría' que intenta dar una explicación racional a la catástrofe: La teoría de la ‘licuefacción’ o del corrimiento de tierras, del geólogo Grahan Harris.
G.Harris lleva una década trabajando como geólogo en el Mar Muerto, reuniendo datos sobre el entorno natural. Para este geólogo Sodoma y Gomorra existieron y desaparecieron hace 4.000 años.Jonathan H.Tubb, arqueólogo del Museo Británico, lleva treinta años realizando excavaciones en Tierra Santa, fue director asistente de las excavaciones en Tell es-Sa'idiyeh (Kadesh, Siria) durante los años 1976- 1982. Tubb está convencido de que muchas de las ‘historias’ del Antiguo Testamento están inspiradas en acontecimientos reales. Para este arqueólogo “el Génesis, como otros libros de la Biblia, se escribieron miles de años después de los acontecimientos descritos. En muchos casos usaron historias del folklore, tradiciones basadas en acontecimientos reales”.
El Mar Muerto se encuentra a casi 500 metros bajo el nivel del mar y se asienta sobre una gran grieta. La tierra se desgarró y el fondo se hundió en esta zona. El hundimiento provocó la formación de una cuenca, que no es un Mar, sino el lago más salado del mundo.
El Mar Muerto separa dos continentes: en el lado jordano la placa tectónica arábiga y en el lado israelí la placa africana; ambas están unidas, pero en constante movimiento, de forma que eventualmente resbalan, produciendo terremotos.

Cada año se producen pequeños temblores, pero podría haber tenido lugar en la antigüedad un gran terremoto que hubiera afectado a Sodoma y Gomorra. Un terreno inestable y un posible corrimiento de tierras explicaría la destrucción total de ambas ciudades.

La Biblia no menciona la palabra terremoto, únicamente describe una lluvia de azufre, fuego, una humareda que salía de la tierra como una fogata, una ciudad arrasada con todos sus habitantes y la vegetación del suelo, cuya única salvación es subir a una zona más elevada.


¿De dónde procede el fuego bíblico? Un terremoto de gran magnitud habría agrietado el suelo hasta gran profundidad, expulsando gas metano hacia la superficie. Cualquier lámpara de aceite, una fogata, o incluso magma terrestre que hubiese conectado con una bolsa de gas, habría provocado una salida de fuego hacía la superficie de forma descontrolada.

El geólogo israelí Shmuel Marco ha hallado en la orilla israelí del Mar Muerto pruebas de antiguos terremotos en la zona del lago. Algunas rocas blancas que en su día estuvieron sumergidas, hoy presentan distintas capas geológicas.

Cuando un terremoto de gran magnitud sacude un terreno inestable se puede producir un fenómeno geológico denominado licuefacción (o licuación del suelo), el terreno se licua debido a que hay un material poroso que se ha llenado de agua y el terremoto provoca que el agua salga a la superficie.


[Un ejemplo de licuefacción se produjo en Niigata (Japón), en el terremoto del año 1964.]

Las capas de gravilla del mar muerto son idóneas para una licuefacción y la geóloga Lynn Frostick, profesora en University of Hull, ha localizado rocas del lago donde aparecen signos de una licuefacción. Cuando el suelo se licua, las viviendas literalmente desparecen. En el Mar Muerto las construcciones de las orillas habrían sido engullidas hacía dentro del lago.


En Tell Mardikh (Siria) están el montón de ruinas estratificadas de la antigua Ebla. Las excavaciones fueron iniciadas en 1964 por un equipo italiano de la Universidad La Sapienza de Roma, dirigido por Paolo Matthiae. La confirmación de las sospechas de que se podía tratar de Ebla llegó en 1968 con el hallazgo de unas inscripciones votivas, y en las que el rey Ibbit-Lim se identifica como rey de Ebla.
Pero en la campaña de 1974/75 vino el gran hallazgo: se descubrieron los archivos públicos y reales de la ciudad, recogiéndose alrededor de 15.000 tabletas de arcilla escritas en cuneiforme. Estos descubrimientos pusieron en evidencia que Ebla había sido una metrópolis imperial, que ejercía su control político sobre una extensa área, y que tenía tratos comerciales con lugares muy lejanos.



Giovanni Pettinato, epigrafista jefe de la expedición en Tell Mardikh, acerca de la relación de Ebla con las cinco ciudades de la llanura[Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Bela], informó el 29 de octubre de 1976 del hallazgo de una tableta con un gran texto económico en el que, entre muchos nombres de ciudades que mantenían transacciones comerciales con Ebla, había identificado sus nombres. Y las ciudades de la tableta aparecían relacionadas en el mismo orden que las de Génesis 14:2: «si-da-mu» («Sêdõm», Sodoma), «Ë-ma-ra» ( «'Ãmõrãh», Gomorra), «adma» («'Admãh», Adma), «si-ba-i-um» («Zeboiim», Zeboim), «be-la» («Bela'», Bela). Pettinato afirmaba que el nombre del rey de Adma, que aparecía en la tableta era «bi-ir-sa». Este nombre se correspondía morfológicamente con el Birsa de Génesis 14:2 («birsa'»), es decir el rey de Gomorra.
El gobierno sirio, alarmado ante las evidentes relaciones entre Ebla y el marco bíblico de Génesis, y temeroso de que ello pudiera constituir un adicional apoyo para las tesis sionistas sobre las que se basa el estado de Israel, presionó a los investigadores para que desmintieran las anteriores comunicaciones, e impuso una censura sobre las tabletas de Ebla. Como resultado, la postura actual es la de una extrema precaución en las declaraciones de los integrantes de estas excavaciones, que se desarrollan en suelo sirio y con patrocinio del gobierno de Damasco.
Quedaba claro desde entonces que las ciudades bíblicas eran reales. 
Tomado de www.sedin.org/propesp/Mardikh-TELL.htm


En 1960 se descubrieron las ruinas de Bab edh-Dhra y se concluyó que esta ciudad estaba relacionada con Sodoma (según Van Hattem,1981). Entre 1965 y 1967 Bab edh-Dhra fue excavada bajo la dirección de Paul Lapp y tras su muerte en 1970, los trabajos arqueológicos pasaron a la dirección de R.Thomas Schaub y Walter E. Rast. El descubrimiento de los emplazamientos de Numeira, Khanazir y Feifa hicieron tomar cuerpo a la teoría de que éste fuera el enclave de las ciudades bíblicas.

Conclusión, que nos encontramos con dos versiones, cuando se trata de ubicar a Sodoma y Gomorra. Una primera tesis que situaría Sodoma y Gomorra bajo las aguas del Mar Muerto y por otra parte tenemos una segunda versión que localiza a Sodoma y Gomorra en tierra firme. Si bien ambas cuentan con unos hallazgos interesantes, ninguno es hasta hoy lo suficientemente convincente como para poder asegurar dónde se hallan las "ciudades del pecado".