15 de febrero de 2010

HAITÍ: la historia interminable


El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón y Martín Alonso Pinzón desembarcaron en una isla del actual archipiélago de las Bahamas (la isla Guanahaní), que bautizaron con el nombre de San Salvador. Tras esta primera toma de contacto con las tierras del Nuevo Mundo, la expedición se dedicó a explorar la zona y arriban a una isla que bautizarán como La Española, por su contorno "parecido" al de España. La colonización española, apoyada en la evangelización que llevó a cabo la orden de los dominicos, le adjudicaría el nombre de Santo Domingo. La isla es hoy conocida como Haití y República Dominicana.

España sometió a los indígenas autóctonos para emplearlos en trabajos forzados con la finalidad de extraer oro de las minas. En menos de 25 años, las poblaciones indígenas fueron diezmadas gracias a la brutalidad de la esclavitud y de las enfermedades importadas por los conquistadores.

A partir de 1503 el gobernador de la isla, Nicolás de Ovando, inició la "importación" de negros africanos esclavizados para reemplazar a los autóctonos, principalmente procedentes del reino de Dahomey. La trata de esclavos fue oficialmente autorizada por el rey Carlos I de España en 1517. Ya en 1530, las minas parecieron agotarse y los colonos concentraron sus esfuerzos en la parte oriental de la isla, abandonando la zona Oeste.

Es entonces cuando los franceses se interesaron por la parte occidental de la isla. Hacia 1625, los franceses ocuparon la zona Noroeste y ganaron progresivamente terreno hacia el Sur. Bajo el impulso del ministro Jean Baptiste Colbert desde la metrópoli la colonia empezó a florecer. Tras el Tratado de Ryswick (1697) y la subida al trono español de Felipe V (1700), nieto de Luis XIV de Francia, España abandonó sus pretensiones sobre la posesión de Haití, tolerando la presencia francesa en la parte occidental (colonia de Saint-Domingue). Finalmente el Tratado de Aranjuez (1777) hace oficial la soberanía francesa.


En la colonia se cultivaba principalmente el tabaco y el índigo. A medida que fue aumentando la llegada de franceses desde la metrópoli, se desarrolló la trata de negros y , en 1685, se redactó el Código Negro, destinado a regular el régimen de esclavitud. Pronto, la colonia de Saint-Domingue se convirtió en la más rica de las Antillas. Su prosperidad se debía a la explotación de la caña de azúcar y del café, reemplazando al tabaco y el índigo.

En las vísperas de la Revolución Francesa de 1789, se empleaban cerca de 500 000 esclavos negros para servir a 32 000 blancos, y 28 000 mulatos liberados. Los efectos de la Revolución Francesa se hicieron sentir. Se produjeron estallidos de violencia mientras los colonos reclamaban una autonomía para la colonia y los mulatos perseguían la igualdad civil con los blancos. En agosto de 1791, estalló la revuelta de los negros en la llanura del Norte. Bajo el mando de sus jefes, entre ellos Toussaint L'Ouverture, los negros pasaron de la revuelta a la guerra. Consciente de que sólo la República francesa garantizaba la liberación de los esclavos, Toussaint L'Ouverture se alió a los republicanos en 1794. En cuestión de meses, encabezando un ejército de 20 000 negros, consiguió volcar la situación y liberó la mitad del territorio. En recompensa, fue nombrado general de división y vice-gobernador de la isla en 1796. Impuso la supremacía de los negros sobre los mulatos en el curso de una guerra civil en 1800. Un año después, extendió su autoridad sobre el conjunto de la isla al invadir la parte oriental española y al promulgar una constitución. Impulsó la economía de las plantaciones, instaurando los trabajos forzados.


Al hacerse nombrar gobernador vitalicio por la constitución del 12 de julio de 1801, Toussaint L'Ouverture desafió a Napoleón Bonaparte, quien respondió con el envío de la expedición de Saint-Domingue, con el pretexto de restablecer el orden. Bonaparte, mediante un decreto (25 de diciembre de 1800), había enviado a tres 'comisionados' para restablecer el antiguo orden colonial con todo lo que ello implicaba. La expedición de Saint-Domingue, compuesta por 30 mil hombres y dirigida por el General Leclerc, llega a su destino el 29 de enero de 1802. A bordo de sus navíos se encuentran los generales André Rigaud, Alexandre Pétion y Jean Pierre Boyer, oriundos de la isla.

Toussaint L'Ouverture, que estaba al tanto de los proyectos de Bonaparte, dio orden a sus lugartenientes de llevar a cabo una guerra de exterminio contra los franceses. El 17 de febrero, el comandante del ejército galo desembarcado declaraba 'fuera de la ley' a todos los jefes negros de la isla. Los negros resistirán pero tendrán que ceder ante el imparable avance de las tropas de Leclerc. Henry Christophe y Jean-Jacques Dessalines (generales de Toussaint Louverture) se rinden a Leclerc, forzando a Toussaint a reconocer su derrota y firmar su rendición en mayo de 1802. El 7 de junio es arrestado y deportado hacia la metrópoli, internado en el Fuerte de Joux (región del Jura), dónde moriría el 7 de abril de 1803.


Los tres generales franceses-haitianos, se distancian progresivamente de la expedición francesa para acabar en el bando de los insurgentes, la operación de Leclerc no tenía más objetivo que restablecer la esclavitud.
La revuelta estallaría de nuevo el 13 de octubre de 1802, liderada por Alexandre Pétion. Pétion cede a Henry Christophe el mando de la insurrección. Dessalines sería el último en unirse a los insurgentes.

El día 18 de noviembre de 1803 el ejército francés es derrotado en la batalla de Vertières, Rochambeau ordena la evacuación de la isla. El 19 de noviembre de 1803 Dessalines le impone al Conde de Rochambeau la capitulación.

Tras la marcha de los franceses, Dessalines provocará el linchamiento de la población blanca, salvándose sacerdotes, médicos, técnicos y algún simpatizante de los negros. Devuelve a Saint-Domingue su nombre indio de Haití (Ayití) y proclama la República el 1 de enero de 1804. Apenas creada la República Haitiana se vio gravemente endeudada: Francia no estaba dispuesta a reconocer su independencia si a cambio no recibía una indemnización de 150 millones de francos en oro.

En octubre de 1804, Dessalines tomó el título de emperador con el nombre de Jacques I. Instituyó el francés como lengua oficial, a pesar de que la gran mayoría de la población no hablaba otra lengua que la criolla. Confiscó las tierras de los antiguos colonos, entregando las mejores a sus oficiales y su Constitución del 20 de mayo de 1805 prohibía terminantemente a los blancos tener propiedades.

Deseando dinamizar la economía de la isla, instauró el trabajo obligatorio de los cultivadores con un reglamento más duro que el de Toussaint L'Ouverture, lo que provocó que el pueblo se sublevara de nuevo contra esa dictadura. Jacques I es sorprendido por la noticia de la revuelta cuando se encontraba en Marchand, el 16 de octubre de 1806, traicionado por uno de sus jefes de batallón, caería en una emboscada a la entrada de Port-au-Prince (Puerto Príncipe), y sería asesinado el 17 de octubre, por un general a las órdenes de Alexandre Pétion.


Mientras reinaba la confusión en la parte occidental de la isla, los franceses que aún permanecían en la parte oriental fueron derrotados por los habitantes criollos hispanos, dirigidos por Juan Sánchez Ramírez, el 7 de noviembre de 1808 (batalla de Palo Hincado). La capitulación francesa se produjo en Santo Domingo el 9 de julio de 1809, y las autoridades reinstauraron la colonia apodándola "La España Boba" porque, después de haberse rebelado, se había sometido nuevamente a la autoridad de España. Finalmente, se proclamó independiente en 1821, como República Dominicana.

En 1810, Christophe impuso su autoridad por las armas en la región del Noroeste y, el 26 de marzo de 1811 se autoproclama "Rey de Haití" bajo el nombre de Henry I Christophe. Creó una nobleza y mandó edificar palacios como el de Sans-Souci, o la ciudadela Laferrière. Retomó el sistema de las plantaciones distribuyendo las tierras a sus amigos cercanos. En 1812, tuvo que reprimir un motín. El 15 de agosto de 1820, Henry I sufrió un ataque de apoplejía que le dejó parcialmente paralítico. En cuestión de meses, estalló una nueva rebelión y, el 7 de octubre de 1820 el rey Henry I Christophe se suicidó.


Tras regresar del exilio, el general André Rigaud había creado un estado en la península del Sur, el 3 de noviembre de 1810, pero Pétion consiguió derrocarle tras provocar una revuelta local el 7 de marzo de 1812.

El 2 de junio de 1816, Pétion consiguió convertirse en presidente vitalicio tras cambiar la constitución, y el 29 de marzo de 1818 fallecía. Sería sucedido por Jean-Pierre Boyer, quien se hizo elegir presidente. Aprovechando la insurrección contra el rey Henry I Christophe en octubre de 1820, Boyer aprovecha para invadir el Norte y anexiona el Reino haitiano a la República.

Boyer invadió Santo Domingo, 9 semanas después de que se proclamase independiente, así que, el 9 de febrero de 1822 anexionó el Este de la isla a la República de Haití. La ocupación militar haitiana duró 22 años, hasta la caída de Boyer, y permanece en el recuerdo de la historia dominicana como un período de brutalidad. Durante esos 22 años, se hicieron masivas expropiaciones y reformas agrarias para poder exportar sus productos. Con la represión, la brutalidad y la imposición de Boyer, se reforzó el sentimiento nacional de los dominicanos que empezaron a desmarcarse de los haitianos en cuestión de lengua, religión y costumbres.


Paralelamente la antigua metrópoli, Francia, prosigue infructuosos intentos por comercializar con el reconocimiento de la independencia de Haití, se sucedieron hasta un total de 10 misiones oficiales entre 1816 y 1823. El rey Carlos X de Francia utilizó la fuerza: el 17 de abril de 1825 firmaba un decreto que "concedía" a la isla su independencia a cambio del pago de una indemnización a Francia de 150 millones de francos en oro, al tiempo que mandaba a la isla una flota de guerra de 14 navíos para amedrentar al pueblo haitiano.

El pago exigido por Francia suponía una década de recaudación fiscal, pese a ello Boyer aceptó el trato. Desde 1826 Haití fue reconocida como nación independiente por casi todos los países (a excepción de Estados Unidos). Boyer tuvo que crear un impuesto especial que le convirtió en impopular, y negoció un préstamo de 30 millones, al tiempo que reclamaba una reducción de la deuda nacional. Ésta fue finalmente reducida a 90 millones y un plazo de 30 años, en febrero de 1838. En enero de 1843, el Sur de Haití se sublevó. Derrotado por los rebeldes, Boyer abdicó y se exilió el 13 de febrero de 1843.

Aprovechando el exilio de Boyer, estalla una insurrección dominicana, expulsando a los ocupantes militares haitianos de Santo Domingo el 27 de febrero de 1844, se proclama así de nuevo su independencia como República Dominicana, después de 22 años de ocupación.

Durante 75 años, Haití se hundió en la inestabilidad y la violencia política, desgarrada entre las élites mulatas del Sur y las élites negras del Norte. Los dirigentes que sucedieron a Boyer, no se preocuparon del pueblo, ni tampoco de su economía. El artífice de la caída de Boyer, Rivière Hérard, sería derrocado a los cuatro meses de tomar el poder.

El senado se propuso entonces elegir a hombres mayores y débiles que pudieran manejar a su antojo. Tres viejos analfabetos se sucedieron, mientras estallaban regularmente revueltas populares, hasta que el 1 de marzo de 1847 el senado eligió a Faustin Soulouque, negro analfabeto que ni siquiera se había presentado como candidato. Rápidamente, Faustin Soulouque se reveló como un personaje ambicioso y determinado a conseguir sus propósitos. El 25 de agosto de 1849, emplazó al Parlamento a que le proclamasen emperador de Haití. El 18 de abril de 1852, en medio de unos fastos onerosos para una nación tan pobre, se hizo coronar, a imagen y semejanza de Napoleón, como Faustino I. Hubo tanto despliegue de lujo y boato que fue menester suspender el pago de la deuda nacional, al no poder hacer frente a los gastos generados por el nuevo monarca. Emprendió una severa represión contra los mulatos y reinó despóticamente sobre el país a lo largo de una década. El 15 de enero de 1859 fue destronado por el general mulato Nicolas Geffrard quien restauró la república.


Con Nicolas Geffrard hubo un período relativamente tranquilo, consiguió que Haití fuera reconocida por los Estados Unidos de Abraham Lincoln en 1862. Desarrolló una política de educación pública primaria y superior; crea una nueva red de carreteras, caminos y canales. Impulsó la exportación de algodón y redujo a la mitad el ejército nacional. Pese a sus acertadas medidas, las finanzas de Haití seguían siendo frágiles, y tuvo que reprimir varias conspiraciones. Finalmente, Geffrard dimitiría el 13 de marzo de 1867, tras producirse la sublevación de toda la región de Artibonita. Tras la marcha de Geffrard, el caos volvió a regir la isla y el autoritarismo brutal volvió a instituirse, motines, revueltas y rebeliones armadas. Se sucedieron los golpes de Estado.


Alemania interviene militarmente en 1872 para conseguir que el Estado de Haití satisfaga sus deudas con algunos ciudadanos alemanes. Haití era tan menospreciada por las demás naciones, que a finales de 1897, al producirse el encarcelamiento del residente alemán, Lüders, Alemania enviará dos buques de guerra para exigir a punta de cañón una indemnización exorbitante de 20.000 dólares y las disculpas oficiales del Jefe de Estado haitiano, Tirésias Simon Sam, que no tuvo más opción que satisfacer todas las exigencias alemanas.

A partir de 1908 las compañías americanas negociaron con Haití concesiones exorbitantes para construir vías de ferrocarril y desarrollar las plantaciones bananeras, expropiando a los campesinos. En 1910, el banco americano National City se hace con una parte importante del Banco de la República de Haití. Temiendo los posibles efectos de la I Guerra Mundial (1914-1918) sobre Haití, Estados Unidos decide ocupar militarmente la isla para defender los intereses de la banca americana.

El 28 de julio de 1915, los marines desembarcan en Port-au-Prince y ocuparán el país hasta 1934. Aquello supuso la sumisión del Estado haitiano, la supresión de su ejército, el control de sus instituciones, aduanas y administraciones provinciales, y que el 40 % de su recaudación en impuestos fuera a parar a manos de Washington.

Los norteamericanos se caracterizaban por su alto grado de racismo, rasgo que consternó a la élite mulata, francófona y culta. La indignación engendró un nuevo orgullo racial que encontró su expresión en una nueva generación de historiadores, escritores y artistas haitianos.


En 1918 estallaría una insurrección a nivel general, 40 000 campesinos armados hicieron la vida difícil al ocupante yankee. Dos años necesitaron los norteamericanos para acabar con ellos, perdiendo la vida más de 2.000 soldados. Avergonzados, ante la opinión pública, por esa sangrienta represión, Washington cambió su proceder, ofreciendo su ayuda político-financiera a cambio de su ocupación.

En 1929, con la crisis económica mundial, se produjo una reducción de las exportaciones agrícolas al tiempo que aumentaban las tasas y nuevas normativas eran aplicadas al campesinado. La protesta de los campesinos no se hizo esperar y fue sangrientamente reprimida en la localidad de Marchaterre por los Marines. Tras muchas críticas, el presidente americano Herbert Hoover, propuso al Congreso el envío de una comisión para gestionar el retiro de sus tropas. Finalmente, el 21 de agosto de 1934, los norteamericanos abandonarían la isla, aunque no cederían el control de las aduanas hasta 1946.

En 1946 y 1950, una junta militar aseguró la transición de poder: la primera vez en provecho de Dumarsais Estimé, que desarrolló los derechos de los negros; la segunda fue en octubre de 1950, cuando el ejército organizó las primeras elecciones con el sufragio universal, saliendo elegido el coronel Paul Magloire con un 99 % de los sufragios. Al término de su mandato, en diciembre de 1956, tuvo que exiliarse.

El año de 1957 se caracterizó por una serie de golpes, atentados y escándalos. El presidente provisional Daniel Fignolé fue derrocado por el jefe del ejército que él mismo había nombrado. En septiembre de 1957, el ejército volvió a organizar unas elecciones saliendo elegido el médico François Duvallier, apodado "Papa Doc", gracias al apoyo de los negros, que vieron en él el medio de poner fin al reinado de los mulatos.

Duvallier impuso una política represiva y alejó los oficiales que eran poco fiables del ejército, prohibiendo de paso los partidos de oposición e instaurando el "estado de sitio" permanente.
El 8 de abril de 1961, proclamó la disolución del Parlamento. El régimen de Duvallier se apoyó en una milicia paramilitar, los "Tontons Macoutes". Con esta guardia pretoriana personal, neutralizó al ejército, sembró el terror en todo el país y consiguió ahogar cualquier brote de resistencia. Tras rumores de complot en el seno del ejército, redobló la represión y las persecuciones proclamándose presidente vitalicio el 1 de abril de 1964. El mismo año, ordenó varias masacres contra las poblaciones campesinas. Hasta su muerte, ejerció una implacable dictadura salpicada por ejecuciones y masacres arbitrarias. En el año 1967, se registraron 2 mil ejecuciones.

En febrero de 1971 organizó un plebiscito para designar a su hijo, Jean-Claude, como su sucesor en el poder. A la muerte de "Papa Doc", el 21 de abril de 1971, Jean-Claude Duvallier alias "Baby Doc", de 19 años, accedió a la presidencia. Su régimen se hundió en la corrupción y la incompetencia. En enero de 1986, una sublevación popular le derrocó forzándole a exiliarse.

La caída de los Duvallier no significó el fin de la dictadura. Una junta militar dirigida por el general Henri Namphy, tomó el poder. El ejército y los antiguos milicianos reprimieron sangrientamente todas las manifestaciones populares e intentaron asesinar a un sacerdote activista: el padre Jean-Bertrand Aristide.

En septiembre de 1988 un movimiento de sargentos y soldados destituyó a Namphy, llevando al poder al general Prosper Avril, eminencia gris del período de Duvallier.
En marzo de 1990, el general Gérard Abraham destituyó al general Avril y cedió el mando a un gobierno civil provisional, encabezado por la jueza Ertha Pascal-Trouillot, primera mujer que llegó a ocupar ese cargo en Haití. El Gobierno Provisional creó las condiciones para cumplir la Constitución y convocó elecciones presidenciales en diciembre de 1990.


El ex-sacerdote Jean-Bertrand Aristide, candidato de la coalición Frente Nacional para el Cambio y la Democracia, se había convertido en el abanderado de la causa de los pobres, ganó las elecciones del 16 de diciembre de 1990. Su llegada a la presidencia de la República haitiana devolvió la esperanza a los haitianos, hasta que el 29 de septiembre de 1991 es derrocado por una junta militar dirigida por el general Raoul Cédras, ayudado por la CIA y el gobierno de George H. W. Bush. Aristide tuvo que refugiarse en EE UU mientras se producían masacres y exilios masivos, y las Naciones Unidas decretaban el embargo contra Haití.

Con Bill Clinton en la Casa Blanca, Estados Unidos y el consejo de seguridad de la O.N.U. intervinieron, con el desembarco de 20.000 soldados americanos en Haití, el 19 de septiembre de 1994. El 15 de octubre de 1994, tras el exilio de los jefes golpistas y la ocupación del país por una fuerza multinacional dirigida por EE UU, Aristide regresó a Haití. Su margen de maniobra era escaso, en el exilio se había comprometido a aplicar las medidas de ajuste estructural preconizadas por el Fondo Monetario Internacional y las finanzas públicas de Haití dependían en gran medida de fondos extranjeros.

En 1995 un contingente de la ONU sustituyó a la fuerza multinacional. René Préval, un allegado a Aristide, triunfó en las elecciones del 17 de diciembre de 1995. El 7 de febrero de 1996, el nuevo presidente tomó posesión de su cargo, en un país donde 80% de la población vivía por debajo de la línea de pobreza. Préval solicitó que las fuerzas de paz de la ONU permanecieran por un período adicional, debido a las numerosas disputas y actos de violencia en que se veía involucrada la policía nacional.

En mayo de 2000, de nuevo elecciones, siendo vencedor Aristide como candidato a la presidencia con un 91 % de los votos, pero el escrutinio está lleno de irregularidades y es boicoteado por la oposición. El país vuelve a sumirse en el caos. A partir de 2001, grupos sin control atacan a los partidarios del gobierno de Aristide y éstos reaccionarán del mismo modo. La policía acabará por reprimir salvajemente a ambos bandos. Aristide accede así, por tercera vez, a la presidencia. Las conversaciones entre Aristide y la alianza opositora fracasaron al no llegar a un acuerdo respecto a la formación de un nuevo Consejo Electoral que revisara los votos emitidos.

La ayuda económica internacional se encontraba suspendida desde los comicios de 2000.
La mayor parte de los recursos de Haití está en manos del 15% de su población (el 1% de origen europeo posee la mitad de los bienes del país).
El 73% de los haitianos vive en la pobreza extrema, carecen de saneamiento, padecen escasez de agua potable y, en la mayoría de los casos, no tienen acceso a la electricidad. Dos tercios de los haitianos no logran obtener un plato de comida diario.

En 2003, la oposición se organiza bajo el nombre de "Grupo de los 184" y Jean-Bertrand Aristide dimite el 29 de febrero de 2004 bajo la presión militar franco-americana, que constituye la vanguardia de una fuerza internacional enviada por la ONU con la finalidad de restablecer el orden en la capital: MINUSTAH.

Poco después de la marcha de Aristide, el presidente de la Corte de Casaciones de Haití, Boniface Alexandre, asume el gobierno interino. Aristide será acusado por los haitianos de todos los males del país, de un escandaloso enriquecimiento personal y de estar detrás de una serie de crímenes políticos, y se ve forzado a exiliarse en Sudáfrica.


El 20 julio de 2004, en una conferencia de donantes realizada en Washington, distintos países y organismos multilaterales se comprometieron a aportar más de mil millones de dólares, entre créditos flexibles y donaciones, para la reconstrucción de Haití en los siguientes dos años. El dinero obtenido sería destinado a mejorar las fuerzas de seguridad, la salud y la infraestructura eléctrica, fortaleciendo las áreas sociales y políticas. Antes de la conferencia, EE UU había ofrecido 232 millones de dólares en ayuda hasta el 2006. Los fondos recaudados habrían de crear, por otra parte, y según se estipuló, 31 mil puestos de trabajo en el sector público. Se rehabilitarían, además, 1.500 escuelas.

En septiembre, la tormenta tropical Jeanne dejó más de 600 muertos y más de 80 mil damnificados en el noroeste del país. Las principales carreteras se convirtieron en ríos de cauces descontrolados. La mitad de Gonaives quedó sumergida. Las inundaciones resultaron devastadoras debido a que el país estaba prácticamente deforestado.

Casi un año después, el gobierno interino, que contaba con un apoyo sin precedentes por parte de Washington, había fracasado por completo. Pese a la presencia de una fuerza de cascos azules de la ONU, la seguridad era inexistente. Se encontraban cadáveres en las calles, las bandas armadas, integradas por soldados desbandados 10 años atrás, se movían con total libertad. Hasta mayo de 2005, unos 10 mil haitianos habían sido asesinados y más de un millar encarcelados, la mayoría partidarios de Aristide.

Las elecciones convocadas el 7 de febrero de 2006, supervisadas por la ONU, darán nuevamente la presidencia a René Préval. El consejo electoral declaró que René Preval había triunfado en las elecciones generales de febrero de 2006. Finalmente, en junio de 2006, tras dos años de incertidumbre, asumió un nuevo gobierno democrático junto con Jacques-Edouard Alexis, como primer ministro.

En enero de 2007 las fuerzas de paz de la ONU lograron tomar el control de Cité Soleil, uno de los barrios marginados más violentos de Puerto Príncipe, tras semanas de combates, con decenas de muertos, contra las bandas callejeras.










Fuente información:




La maldición blanca [ Eduardo Galeano - 4 de abril de 2004]
Los pecados de Haití [Eduardo Galeano - 26 de julio de 1996]